Con el Sr. Voz, Pandora aprendió lo dañinos que resultan los gritos, y también los silencios. Su voz, seductora al principio, terminó convirtiéndose en fuente de frustración.
Te presento a Sr. Voz
—¿Qué hace este aquí? —preguntó tan asqueada como desconcertada. —¡Madre mía! ¡Si yo te contara!
—Pues cuenta —la animó Alma.
—No tengo ganas —se dispuso a cerrar la ventana y olvidarse de aquel sorpresivo encuentro pero no pudo, había desaparecido y allí estaba Sr. Voz en todo su esplendor. Había regresado para seguir molestándola.
—No se irá sin más, tienes una historia pendiente y has de saldar cuentas para poder seguir adelante.
—Hace mucho tiempo…
—No, Pandora. No hace mucho tiempo —no le valían excusas —eso de mucho o poco tiempo no significa nada. Lo que ocurrió con él todavía tiene efectos en ti porque conservas su recuerdo, tu resentimiento. Por favor, debes encontrar un final diferente para esta historia.
—Ocurrió lo que ocurrió.
—Lo sé, ahora es el momento de aceptarlo, dejarlo ir y redecorar tu mente con un final que no duela.
—Si te contara otro final, mentiría, no estaría siendo fiel a lo que ocurrió.
—Cuando entenderás que no importa lo que ocurrió, sino cómo lo interpretaste, cómo lo grabaste en mí. Lo que ocurrió no está en ninguna parte, salvo en tu mente. Cambia lo que hay en tu mente.
—No sé cómo hacerlo.
—Yo te ayudaré. ¿Quieres hablarme de él? ¿Quieres hablar con él? Tú decides, pero en cualquier caso pregúntate, ¿qué aprendí?
Pandora se sentó dócilmente en uno de los balancines y acomodando al muñequito de Sr. Voz en su regazo con un suave vaivén fijó su mirada en el cielo. Todo era cielo. No había amapolas, ni lago, ni cisnes, ni olivos, ni puestas de Sol. Solo nubes. Y sonrió. A él, le gustaba volar.
“Bueno, ¡quién nos lo iba a decir!, después de tanto tiempo y aquí estamos, juntos otra vez y entre nubes, como a ti te gustaba.
Te han puesto muy guapo, creo que llevas el traje de la boda de tu prima, parecías un hombre hecho y derecho con un pantalón de tela, tu camisa blanca, ese cinturón negro que te había regalado por tu cumpleaños y unos horrorosos zapatos de colegial. Sin corbata, claro. Eras un rebelde. Un rebelde y un cobarde. Y un mentiroso.
Creo que no hemos empezado bien. Alma, que dice ser mi subconsciente, también dice que tengo que inventarme un final diferente del que tuvimos. Que así podré dejarte ir, pero yo creía que ya te había borrado de mi vida…
Se supone que debo haber aprendido algo a tu lado. Me cuesta saberlo, no resulta evidente, aunque supongo que aprendí a reservar mis sueños y mis secretos para mí misma. Y que a pesar de lo nefasta que fue nuestra relación y lo dañina para mi vida, me sigue resultando complicado silenciar la ilusión. Soy una soñadora. Y tú, no pudiste matar lo que soy.
Yo aprendí a callar, y tú ¿aprendiste algo?
¿Qué puedes decirme de ti?; tan valiente, tan macho, con esa voz tan hermosa y grave que me atrajo hacia ti embrujándome y que antes de darme cuenta se había convertido en fuente de frustración. Esa voz, la tuya, inconfundible y serena cuando querías algo de mí; irritante y agresiva cuando te sentías cuestionado. Entérate, el diálogo no se hace a gritos, eso es otra cosa; las soluciones no se encuentran entre el ruido.
Las carencias, los complejos, no se pueden enmascarar por mucho que levantes la voz porque gritan más que tú”.
Descubre la historia de Pandora y su viaje de sanación interior en Alma (y su casita de muñecos).
👉Disponible en papel, ebook y audiolibro







