SOLILOQUIO

Ayer volví a hacerlo, y esta mañana y la semana pasada también. No puedo remediarlo, es una fuerza superior la que me empuja. Y además está esa voz… esa potente voz que se vale de descabellados argumentos que a mí, por alguna extraña razón, me parecen lógicos y adecuados. No sé qué tipo de poder tiene sobre mí, pero lo tiene.

He reflexionado, llorado y pensado. He permanecido insomne durante muchas noches examinando escrupulosamente nuestra situación y siempre he alcanzado la misma conclusión… «no hagas nada, no interfieras en el destino, si es para ti, lo será, no vuelvas a contactar con él, ya sabe dónde estás y es mayorcito, si quiere localizarte lo hará, un hombre remueve cielo y tierra por la mujer que ama»… y millones de frases de significado similar que me recomiendan, sencillamente, quedarme quietecita.

Pues, ¡no señor! De repente acude a mi mente un recuerdo suyo y ahí estoy yo, mandándole mensajitos y quedándome pegada al móvil con la esperanza de su respuesta.  Y lo peor es comprobar que me ha leído y no responde. En ese momento se desatan todas las dudas del mundo y mis pensamientos, emociones y acciones comienzan a girar en torno a su ausencia en el otro lado.

Sentirme ignorada duele, pero es muchísimo peor sentirme ridícula, pensarlo riéndose de mí a carcajadas mientras planea qué ponerme en el siguiente mensaje por… pena. Esta es una idea recurrente y bastante molesta que todavía no sé por qué acude con frecuencia a mi cabeza. Lo imagino de pie, siempre de pie, mirando su móvil desde lo alto mientras lee el mensaje que aparece en su pantalla, el mío. Entonces ladea un poco su cabeza hacia la izquierda, levemente, y mostrando su autosuficiencia en una media sonrisa piensa lo estúpida que soy, lo loca que estoy por él y en que algo tendrá que hacer para no quedar mal conmigo, porque dadas las circunstancias no debe quedar mal conmigo… «mira que es pesada, no quiero nada con ella y sigue insistiendo. ¡A ver si se cansa y me deja en paz!»

Y yo, cuando lo siento pensarme en esos términos, noto cómo se aprieta el nudo que vive en mi garganta, se sonrojan mis mejillas y acabo saludando a la vergüenza que viene otra vez de visita y sé que no se marchará hasta que un pi pi salga de mi móvil y un mensaje suyo me devuelva la cordura.

He pensado lo que le diré para poner punto final a nuestra no relación, lo tengo bien planeado, no sé cuándo ni por qué, tampoco sé si lo entenderá, pero es la frase que expresa mi salida instantánea y sin motivo aparente de su vida. Le diré: » te conocí cuando estabas pasando un mal momento y casi sin darme cuenta decidí ayudarte a superarlo. Ahora te veo fenomenal, ya estás bien y caminas solo. No hay motivo para seguir a tu lado, creo que no tengo nada que ofrecerte y que ya no pinto nada en tu vida, adiós».

Lo sé, hay que tener mucho valor y muy poca vergüenza para decir esto a alguien que pasa de ti, pero mira, tener fama de estar un poquito para allá tiene ventajas de este tipo, puedes decir lo que quieras y hacer cosas extrañas porque nadie lo achacará a nada en concreto, como mucho pueden terminar sus cotilleos con un «es que ella es así». Supongo que después de tal afirmación la vergüenza que sentiré será tan grande que no se me ocurrirá volver a contactarlo jamás, pero al meno le habré echado en cara su desagradecimiento.

Está bien, ¡basta!, no puedo seguir mintiéndome, lo que de verdad me gustaría es que a tal afirmación le siguiera un interés desmedido del susodicho por mi persona, pero claro, aquí entramos en el terreno de sueños, ilusiones y utopías. Y en este espacio prefiero creer que le encanto y está loco por mí.

Sale con otras y lo sé, no lo oculta, pero ¿por qué tendría que hacerlo? De cualquier manera en lo tocante a la traición soy bastante flexible, traición puede ser besar a otra, hablar con otra o sencillamente sonreírle, en el fondo todo se reduce a una sencilla llamada al orden… «¡oye!, me siento molesta porque diriges tu atención a otra parte y ser el centro de toda tu existencia es un honor que me corresponde»… Como tengo claro que su atención está en cualquier lugar menos en mí, el tema de la traición puedo decir, sin temor a equivocarme, que lo tengo totalmente superado.

Pero, lo que no entiendo es por qué narices no me corresponde. Si es una estrategia para volverme loca por él, lo está haciendo fenomenal. Si es una estrategia para volverme loca sin más, también funciona. Yo creo que con un marcado y continuado desinterés por mi parte bastaría para que reaccionara. Sí, este método sería sencillo y efectivo. Pero claro, ¿quién es la guapa que pasa del chico que le gusta?

Pues esa guapa, debo ser yo. No hay más remedio. Lo tengo que hacer. Y el momento es ya… o mejor cuando se me pase la vergüenza por los mensajes que le envié hoy.

Concepción Hernández. Todos los derechos reservados.

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