Fragmento -FORMATO DIGITAL

«Alma (y su casita de muñecOs)»

¡Hola!
❤️📚
Hoy quiero compartir con vosotros un pequeño fragmento de mi novela «Alma (y su casita de muñecOs)».
Por desgracia las relaciones tóxicas abundan, supongo que por desgracia muchos os habréis sentido como Pandora, algunos incluso estéis experimentándolo en este momento.
Romper el vínculo que nos esclaviza es de imperiosa necesidad. Y solo lo puedes hacer tú, y solo lo puedes hacer Ahora.

«No tardó en hacerme una confesión: su mujer le había sido infiel en el pasado. Ni sé, ni sabré si era cierto o tan solo una excusa o disculpa con la que justificar su no disimulado y creciente interés por mí. Planeaba serle desleal, no me cabía duda. Yo no tenía tan claro que algo así fuera a ocurrir, pero su amistad me reconfortaba.
Mes y medio después asistimos juntos a un congreso y compartimos habitación y por supuesto, cama.
Fue en ese momento cuando corroboré, por su aplomo, que yo no había sido la primera; más tarde, no mucho más tarde, descubrí que ni tan siquiera estaba siendo la única.

¿Alguna vez te han hecho el amor sin besarte, ni mirarte, ni acariciarte?

A mí, sí.

Él era capaz de hacerme el amor con tan solo pensarme.

Podía sentir cómo recorría mi cuerpo con su mirada, lentamente, sin pudor, de arriba abajo deleitándose con cada pedacito de mí. Me saboreaba sin prisa, despacio, sin tocarme… después cerraba los ojos y yo sabía que, en su mente, me hacía el amor.

¿Conoces algún lugar más íntimo y privado que la propia mente?

Me hubiera gustado permanecer en él eternamente, convertirme en un pensamiento, en su pensamiento más hermoso.

Aunque dejando a un lado estos episodios, la realidad era bastante distinta; yo me sentía a salvo sin percatarme de que con él, habían regresado a mi vida todo tipo de humillaciones que creía haber dejado muy atrás… era un segundo, tercer o cuarto plato continuo y consentido; siempre dispuesta a ser un puro desahogo, dando sin recibir, ser tan solo un capricho en manos de un señor que descargaba sobre mí la frustración de su amargada vida.

Si en el plano mental era sensual, delicado y estaba lleno de misterio, tanto que incluso me resultaba hipnótico, cuando nos encontrábamos en el cuerpo a cuerpo se transformaba en un ser obsceno muy amigo, demasiado amigo, de las palabras grotescas y groseras. Palabras e insultos que pronunciados en puro susurro resultaban todavía más desagradables y humillantes si cabe
.
En ese momento de mi vida sufrir esa humillación era todo lo que podía esperar.

¿Por qué sentirme así me resultaba tan familiar?

Él se convirtió en el castigo que yo merecía. Por qué aceptaba semejante trato es algo que ahora no comprendo».

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