
Os dejo con una de las preguntas que me realizaron durante la entrevista, si queréis profundizar un poco más, tenéis el enlace a todas las respuestas aquí:
P: Se dice que el ser humano atraviesa una etapa de soledad no deseada, que se relaciona más con perros y gatos que con sus semejantes. ¿Estás de acuerdo? Y de ser así, ¿a qué lo atribuyes?
R: Es posible que se esté dando esta circunstancia y la principal causa sea el miedo. Tenemos miedo a ser juzgados y rechazados, también tememos que nos decepcionen e incluso podemos temer decepcionar. Y estos miedos nos llevan a vivir escondidos tras versiones alteradas de nosotros mismos. Nos encantaría ser auténticos y mostrarnos tal y como somos, pero el miedo nos lo impide. Un perro o un gato nos hace sentir a salvo porque no nos juzga, nos acepta tal y como somos. Estamos seguros de su lealtad y además, piden a cambio apenas una caricia o un poco de atención. Son relaciones más seguras, junto a ellos podemos ser nosotros mismos y eso es muy liberador.
En cambio, cuando nos relacionamos con nuestros semejantes, la sensación es diferente. La comunicación entre humanos se ha deshumanizado, es superficial y muchas veces vacía de contenido. Hemos sustituido los emoticonos por palabras, hemos prescindido del lenguaje no verbal en nuestras interacciones, ya no nos miramos a los ojos, y ya no sabemos escuchar.
Vivimos en una sociedad en la que los seres humanos nos hemos atomizado, etiquetado y enfrentado en categorías excluyentes y esto sólo agrava la desconexión entre nosotros. Si a esto añadimos que la falta de respeto se está agravando y las redes sociales son cada vez más crueles e implacables, es comprensible que se opte por la compañía segura que nos ofrecen los animales.







