“La ficción me permite eludir normas e imponer mis criterios a capricho”, confiesa la autora, que ve en la creatividad un acto de rebeldía ante el inconformismo. Para Hernández, la literatura y la física cuántica comparten una esencia común: el juego con la incertidumbre y la exploración de posibilidades infinitas. Consciente de cómo la sociedad limita el pensamiento libre, sostiene que “un individuo con imaginación puede ser un problema para los poderes establecidos”.
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